El desprecio, os lo dice mi cansada ternura,
existe como vidrio corriendo con la sangre.
Para Andrés Henestrosa
I
Yo viví en otro tiempo,
en cielo y sueño ajenos,
en un grave y pausado cementerio,
en la aridez navegable del hastío.
Llegué a ofrecer mi sangre,
mi aguda sangre de loco minucioso,
por esta idea, o hambre:
tan sólo el alba y ciertas
verdades corroídas,
digo, convencionales hasta el asco,
podían redescubrirme
las virtudes más dulces,
o latir sumergidas
en el nocturno río de mi esqueleto.
Vendido a la esperanza
y a la breve gacela de la ternura,
derramé un frágil llanto
sin sentido ni gracia;
y la bestia, la vida,
en amargos insomnios
me dio apenas ansia
de la agonía y el crimen.
II
Pero ahora,
la tristeza es un hecho.
Me golpea una ola de altas penumbras huecas,
cíñenme gris espuma
y el horror de los atrios donde secos mendigos
se arrastran como perros;
me duelen las ciudades
con ese amargo ambiente de conventos,
y el caso doloroso de una mujer que no es
"dulce señora mía", o "flor ennegrecida";
y el asunto del alma
(luna cobarde y ciega, pálida y enfermiza)
es por siempre un ejemplo de naufragio y ausencia.
(Hay ausencia,
si una voz se enmohece al contacto del aire).
(Agua verde: la angustia,
la enemiga del cielo y el deseo.
Niebla y sangre en las manos:
vana es la luz encima del recuerdo,
vano es el fiero mármol de la duda.)
III
De mis noches de frío y vegetales ruidos,
de la mujer de seda y el amigo de miel,
de mis finas estatuas,
no queda ni una brisa
donde poner la mano y un poco de piedad.
Del vino ardiente, azul,
apenas la soñada belleza
y un murmullo de magia.
Quizás en ti, oh maldad,
infierno adolescente,
la hubiera sido
un instante, un enigma.
Quizás en ti, oh rencor,
ceniza de odio y miedo...
O en aquella nostalgia
donde el amor se pudre
cual camelia de fuego
sobre una piel indigna.
Pequeño honor, y tú, admirable prudencia,
y tú también, desierta cortesía,
esperanza, ternura,
implacable tristeza,
luz, caricia,
candor maravilloso,
río juvenil, tumulto,
ávida voz, placer...
Y me pregunto, y cierro
la puerta a la zozobra,
volviéndome anhelante
al infinito día del desprecio.
IV
Metálica verdad, noche y misterio,
el alto sueño, espada, se desnuda
al pie de lo inasible, como si una
bronca virtud en sangre despertase
a enrojecer mejillas, descubriendo
el bien en fango y la bondad quebrada.
Callen lechos de amor: almohada herida,
sábanas o cuchillas, mustio abrazo.
Oh tú, doliente amigo, y tú, mujer
o vidrio sonrosado: ¿ha de existir
bajo el reseco cielo de esta vida
ese reino de nardos del deseo?
Laten palomas grises en la orilla
de todo amor, y al aire que nos nutre
vuele la gris pasión, vuele el silencio
roto en rudas astillas musicales.
(Ruina y melancolía, sudor de fiebre,
amargura de abismo: eso es amor.)
Del gesto de aquel hombre que solloza
brota una espiga sorda, desnutrida,
una doliente espiga, frágil, suave,
una verdad perfecta: es el Desprecio.
V
De la esencia del alma, una mañana de espléndido
verano brotó una flor de hielo
y en esa flor de hielo, un sentimiento,
y con el sentimiento, la desdicha, el negro pan del
ansia, la gris manzana, la potencia del odio
pero ese odio que es como un río manso, traidor, con
animales de verde espuma en el cuerpo.
No el odio vulgar ni el frío desprecio en venta,
sino una flor, una flor que mi amigo, mi mujer y
mi hermano jamás vieron:
una flor tenue, dulce al tacto y a las palabras, dulce a
los sentidos, a los débiles y moribundos sentidos;
una flor que se abrió bajo mis ojos.
Miré, entonces, hacia el milagro.
Dije que había llegado una hora de dulcísimo amor,
que el corazón, al fin, era la tierra y el agua, el maíz y
el clavel.
que el corazón venía hacia mí,
hacia mi llanto imperfecto,
hacia el Desprecio.
VI
Y ha terminado la oración:
esta flor es un templo y un abismo,
una brillante consigna y un apretón de manos.
Porque lo que existe en la sangre no es otra cosa que
la verdad,
la verdad a ciegas y a todas luces,
la robusta verdad de los verdaderos hombres.
Junto a la flor del odio y del amor,
la tierra flor del ansia y el Desprecio.
Huerta, Efraín. Los hombres del alba.