
26.5.11
Jaime Sabines

17.5.11
TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA

¿ES QUE HACEMOS LAS COSAS sólo para recordarlas? ¿Es que vivimos sólo para tener memoria de nuestra vida? Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.
¡Paraíso perdido será siempre el paraíso! A la sombra de nuestras almas se encontraron nuestros cuerpos y se amaron. Se amaron con el amor que no tiene palabras, que tiene sólo besos. El amor que no deja rastro de sí, porque es como la sombra de una nube, la sombra fresca y ligera en que se abren las rosas.
Sexo puro, amor puro. Limpio de engaños y emboscadas. Afán del cuerpo solo que juega a morirse. Risa de dos, como la risa del agua y del niño; la risa de la bestia bajo la lluvia que ríe.
Sobre tu piel llevas todavía la piel de mi deseo, y mi cuerpo está envuelto de ti, igual que de sal y de olor.
¿En donde estamos, desde hace tantos siglos, llamándonos con tantos hombres Eva y Adán? He aquí que nos acostamos sobre la yerba del lecho, en el aire violento de las ventanas cerradas, bajo todas las estrellas del cuarto a obscuras.

OCURRE QUE LA REALIDAD es superior a los sueños. En vez
de pedir "déjame soñar", se debería decir: "dejame mirar".
Juega uno a vivir.

doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi
cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las de la
tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros
dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en
las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sorda-
mente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento
que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen
tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de
ello, y que no hay otro lugar en donde yo venga, a
donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera
a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos
metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que
tengo hambre o sueño.
días también, hay horas, en que no te conozco, en que me
eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres,
me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable
que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién
podría quererte menos que yo, amor mío?
11.5.11
Enoch Cacino Casahonda
Refugio del sol candentede medio día por Maya Goded
Poesía siglo XXI
La poesía ya no podrá salvar al mundo.
Ya no andará desnuda por las calles
iluminando los escaparates,
poniéndole sus marcas a los quehaceres,
dorando el pan,
tornasolando el agua.
Ya no se meterá por las bohardillas
tratando de escribir algunos versos,
o beber un café,
o amar un poco.
Ya no se quitará frente al espejo
su cara de cartón,
frente a los muertos
su sombrero de paja,
ni frente al vicio
su rictus de bondad o de amargura.
Se irá escurriendo por las cañerias
avergonzada de su desventura.
No pudo ser la letra de un anuncio,
la secretaría de un ejecutivo,
el celofán de un anovulatorio.
El Naufragio
Establecida la primer sorpresa,
dejó de haber mirada,
canto jamás oído,
verbo no pronunciado,
superficie inviolada.
Ni siquiera el naufragio fue completo.
Aún nos siguen cayendo las cenizas,
las inconformidades del recuerdo
las justificaciones del despojo.
La Neblina
La neblina se cayó de la torre
y se puso a limpiar los corazones
con su trapo.
La gente huyó de las esquinas,
se metió a los prostíbulos,
a las farmacias y los bancos.
El sol salió hasta el rato,
con desconcierto de las parejas
y los borrachos.
La Hamaca
Allá, al fondo del trópico
la diaria mariposa de los sueños
habita un corredor, largo, sin tiempo,
entreabierto sus bordes de hembra clara
que espera a un viejo amante fatigado.
La hamaca cumple en el vacío
su más firme actitud de árbol bien puesto.
Algunas veces nos recuerda
un cierto olor a encierro,
a sudor trabajando o sin oficio.
Tiene siempre, también, esa frescura
que talvez se ha escapado de algún muerto.
Yo a ratos, por las tardes,
me quisiera fumar algún cigarro,
tomar un poco de café, mucho de olvido,
bien tendido sobre ella.
Platicando del cielo y de la tierra
con algún ángel
o con un viejo campesino.

