Páginas

17.5.11

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA

Jaime Sabines








¿ES QUE HACEMOS LAS COSAS sólo para recordarlas? ¿Es que vivimos sólo para tener memoria de nuestra vida? Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.

¡Paraíso perdido será siempre el paraíso! A la sombra de nuestras almas se encontraron nuestros cuerpos y se amaron. Se amaron con el amor que no tiene palabras, que tiene sólo besos. El amor que no deja rastro de sí, porque es como la sombra de una nube, la sombra fresca y ligera en que se abren las rosas.

Sexo puro, amor puro. Limpio de engaños y emboscadas. Afán del cuerpo solo que juega a morirse. Risa de dos, como la risa del agua y del niño; la risa de la bestia bajo la lluvia que ríe.

Sobre tu piel llevas todavía la piel de mi deseo, y mi cuerpo está envuelto de ti, igual que de sal y de olor.

¿En donde estamos, desde hace tantos siglos, llamándonos con tantos hombres Eva y Adán? He aquí que nos acostamos sobre la yerba del lecho, en el aire violento de las ventanas cerradas, bajo todas las estrellas del cuarto a obscuras.








OCURRE QUE LA REALIDAD es superior a los sueños. En vez
de pedir "déjame soñar", se debería decir: "dejame mirar".

Juega uno a vivir.






TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA, y a las once, y a las
doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi
cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las de la
tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros
dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en
las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sorda-
mente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento
que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen
tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de
ello, y que no hay otro lugar en donde yo venga, a
donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera
a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos
metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que
tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay
días también, hay horas, en que no te conozco, en que me
eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres,
me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable
que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién
podría quererte menos que yo, amor mío?





(Fotografías: Marie No. 1, 1974. Kissing the Tears Away, 1967. Black Tears, 1973. Jan Saudek.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario